A las personas no llegamos a conocerlas realmente por lo que dicen, por como actúan, por como visten, por como se expresan, por su mirada, ni por su sonrisa. Con estas cosas apenas logramos entender una parte de su realidad, de su ser, pero para mí, la manera en que llegamos a comprender verdaderamente a una persona en toda su complejidad, es por como escribe, por lo que escribe. Las letras son un camino que revela el intelecto oculto en nuestras mentes, los sentimientos que habitan nuestras almas, los descabellados pensamientos de nuestra imaginación. Cada una de las dimensiones de nuestra humanidad, se ven claramente a través del papel y el lápiz.
Una opinión personal.
¿Qué ven en mí? No tengo ni idea, eso es opinión de cada quién.
Hay un temor que probablemente la mayoría de nosotros tuvimos alguna vez, el miedo a la oscuridad.
Se supone que al crecer, dejas este temor atrás, porque aprendes a no creer en criaturas terroríficas que te asechan en la penumbra.
Yo jamás lo superé.
Soy casi una adulta y aún temo a la oscuridad, porque todavía tengo miedo de que los monstruos me consuman en medio de la infinita y solitaria negrura.
Pero ahora es diferente, ya no temo a los fantasmas bajo la cama y monstruos entre el armario, ahora me aterran unas criaturas mucho peores, unas que se ocultan en lo profundo de mi corazón y mi mente, y que me acosan cuando hay tanto silencio que puedo escuchar sus susurros sangrantes.
Los monstruos verdes y con muchos ojos, desaparecieron tan rápido como llegaron, pero estas criaturas invisibles que ahora me visitan en la noche, nacieron en mí con el transcurso del tiempo, lentamente, originándose a punta de hipocresía, mentiras y burlas, y sé que seguirán creciendo conmigo, y que sólo se irán de este mundo, el día que yo también lo haga.
Son pensamientos un poco deprimentes, pero a diferencia de lo que piensen, soy una persona muy tranquila y alegre, pero esto que dice aquí, es lo que la vida me ha dado a mí y a muchos más, a todos, nuestra propia ración de dolor.